Evangelización en espacios líquidos

2 julio 2018

Por Carlo Cardoza, SJ | Aprox. 5 min. de lectura.

En la actualidad, plataformas virtuales como Facebook, Instagram, YouTube, Twitter, entre otras más, se han convertido no solo en lugares de interacción social, sino también espacios para compartir opiniones que a fin de cuentas informan sobre quiénes somos y qué pensamos. Dentro de estas múltiples plataformas virtuales la Iglesia, la que conformamos los/as creyentes, se ha ido incorporando cada vez más al reconocerlas como lugares idóneos desde dónde transmitir la buena noticia del Evangelio. Pero, ¿cómo mejorar cuando estos espacios a la vez se vuelven líquidos y la mayor parte de su contenido es efímero? ¿Es posible aún interpelar con nuestro mensaje de fe a las personas que allí interactúan?

Si nos limitásemos a ver la problemática que consiste en lo que uno publica desaparece en pocos minutos ante tanta diversidad de contenidos, nuestras ganas desaparecían de la misma manera. Por tal motivo, es importante reconocer que también son espacios de transmisión abiertos, es decir, donde uno siempre podrá expresarse libremente y llegar a distintas personas, solo hace falta un mensaje claro, creativo y a la vez real.

Nuestro mensaje debe ser claro. Es decir, el acento debe estar puesto en poner en el centro a la persona y su relación con los otros. Como cristianos nos sentimos amados por Dios quien desde el inicio de los tiempos (Gen 1, 26-29) todo lo creo para que nosotros viviésemos tomando de la creación tanto y cuanto necesitáramos de ella (EE. 23). Por nosotros viene al mundo, como nosotros… humano, por nosotros muere y por nosotros resucita. Y digo nosotros porque todo es hecho por mí, pero también por el OTRO, en palabras de Jesús, el prójimo… aquel que nos interpela y en quién reconocemos al mismo Espíritu que nos habita. Por eso, nuestro mensaje como Iglesia debe llegar a todas las personas sin espacio ni para la duda ni para la ambigüedad que termine afectando la dignidad de las personas. El mensaje de la Iglesia es claro ante el mal que opera en este mundo, ataca al mal de manera firme, sin con eso separar de su seno a la persona que lo comete, puesto que siempre tendrá espacio para la misericordia… la cual no es exclusividad del sacramento de la confesión.

Debe ser también creativo. Aun cuando nuestros mensajes corran el riesgo de desaparecer dentro de este bombardeo de información que se da en estas plataformas virtuales, si hay espacio para la creatividad. Lograr un mensaje corto ante tanto que comunicar, pero que a la vez no pierda su contenido no es algo fácil de lograr, mas no imposible… lo único que se necesita es ir sin miedo, aventurarse y dejar que el Espíritu nos conduzca a donde él quiera, más aún cuándo el mensaje es suyo y nosotros somos meros instrumentos de interpretación. Somos creativos cuando entramos en estas plataformas para fomentar y buscar espacios de encuentro sin generar polémica ni posturas poco certeras. Somos transmisores del mensaje del Evangelio de manera creativa al adaptarnos al uso de tecnología y herramientas publicitarias que más que conmover busca hacer reflexionar a sus receptores. Así, una frase como “el mal no tiene la última palabra” se puede convertir, en el tuit del Papa Francisco, en “Para quien está con Jesús, el mal es una provocación para amar cada vez más”1

Para finalizar, este mensaje debe ser real. Y con real me refiero a que debe ser encarnado. Hay que hablar, escuchar y mirar el hoy para construir el mañana… aún hay espacio para el optimismo. Un optimismo que nace de la fragilidad que tenemos como seres humanos pero que se percibe en la cotidianeidad de nuestro presente. Observamos la realidad como la trinidad observa al mundo (EE. 102) y damos un anuncio, una voz, donde hay espacio para la esperanza cimentada en ella. Caminamos con los ojos puestos en el cielo, pero con los pies puestos en el barro y las manos libres para ayudar. Nuestro anuncio del evangelio en estas plataformas virtuales se debe concretar en acciones que permitan una coherencia entre lo que decimos y hacemos. Nuestra fe no puede ser efímera, sino que debe hacerse notar en medio de tanto “ruido”. Sí, nos ha faltado muchas veces tener presente esto en el anuncio del mensaje cristiano, pero no hemos dejado de buscar al Espíritu Santo, comunicador nato de la buena noticia para todos, porque como el Papa Francisco dice: “¿Qué sería de nosotros si Dios no nos diera siempre una oportunidad para volver a empezar?”2

  1. @Pontifex_es (2018, junio 7). Para quien está con Jesús, el mal es una provocación para amar cada vez más [Publicación de Twitter]. Tomado de https://twitter.com/Pontifex_es/status/1004686914727960578  
  2. @Pontifex_es (2018, marzo 11). ¿Qué sería de nosotros si Dios no nos diera siempre una oportunidad para volver a empezar? [Publicación de Twitter]. Tomado de https://twitter.com/Pontifex_es/status/972811880447315968

 

Carlo Cardoza Ramirez, SJ
Estudiante de Humanidades– Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Equipo de Comunicaciones – Red ESEJOVEN

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