La diversidad del pesebre

22 diciembre 2018

Por Raul Véliz, SJ | Aprox. 5 min. de lectura.

Como sabemos, estamos a pocos días de terminar el adviento, un tiempo que nos invita a emprender un camino de preparación para celebrar la navidad, pero quiero en este texto recalcar que este camino no es un proceso individualista, sino que implica un encuentro empático con el otro.

Para los creyentes y otros no creyentes, la navidad nos reúne en torno a la familia, nos permite reencontrarnos con los amigos, nos reconcilia con aquellos de los que nos hemos distanciado. En esta época, sintonizamos con las personas que más queremos, estén cerca o lejos. Pues sí, es un tiempo bonito, en que nuestros corazones se conectan para celebrar la vida y la esperanza. Y para los cristianos, la celebración del nacimiento de Jesús.

Una de las tradiciones de las familias cristianas –que más me gusta- para esta época es armar el pesebre o nacimiento de Belén. El nacimiento lo vemos en nuestros hogares, en las Iglesias, en centros comerciales, en parques, plazas, etc., y ya todos conocemos la escena: Un pesebre muy pobre, donde se encuentran María, José y el niño, rodeados por animalitos de granja. También se colocan los pastorcitos pobres que son invitados a adorar al niño, junto con sus rebaños de borregos y los tres reyes magos con sus vestidos llamativos y regalos para el niño que ha nacido.

Quiero centrar la atención en estos personajes –los pastorcitos y los reyes magos-  que son parte esencial de este conjunto de figuritas, que a primera vista puede ser irrelevante. Pero que, sin embargo, son los personajes que configuran un pesebre en el que la diversidad de personas permite la riqueza del escenario. Los personajes vienen de diferentes contextos, son de diferentes extractos sociales, razas, culturas, etc., y sin embargo la noche que se nos describe en los pasajes bíblicos, y en los villancicos, es una “noche de paz”. Esa es la riqueza del pesebre, una noche en que la diversidad de sus miembros no entra en conflicto; todo lo contrario, estos crean una atmosfera en la que todos comparten el deseo por contemplar la esperanza que acababa de nacer. Esta sintonía es lo que permite una noche llena de amor.

Hoy, el mundo en el que Jesús nace nuevamente es el mismo pesebre. Jesús no nace dentro de un grupo específico de personas privilegiadas, nace en medio de la diversidad humana de este mundo. Pero el pesebre de hoy, se puede ver opacado por una lucha de imposición ideológica. Tratamos de imponer nuestras convicciones por sobre la de los demás, y es así como podemos correr el riesgo de convertir el pesebre en una carrera, por quién llega primero a adorar al niño.

Para terminar esta corta reflexión, considero que la navidad debe ser ese espacio de encuentro con el otro, y más con el que piensa y vive diferente. Que el nacimiento de Jesús nos abra el corazón para poder ser más empáticos entre hermanos, para poder crear puentes que unan, y lazos que fortalezcan nuestras relaciones con los demás. Que esta navidad sea ese paso a abrirnos a un mundo rico, porque hay diversidad, porque cada ser humano es valioso por ser único y diferente. Que esta Navidad sea la oportunidad de emprender la construcción de un mundo más igualitario para cada persona que se acerque al pesebre, sea cual sea su ideología, religión, raza, sexo, orientación sexual, etc. Y para que al final todos podamos compartir de una noche de paz que perdure para siempre.

Raúl Véliz Quinto, SJ
Estudiante de Humanidades– Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Equipo de Pastoral UARM.

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