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SALIR AL ENCUENTRO

Por Marcelo Mejía, SJ | 3 min. aprox.

“Pero para María no hay madrugada,
pero para María no hay mediodía,
pero para María ninguna luna,
alza su copa roja sobre las aguas.

María sólo trabaja, sólo trabaja
sólo trabaja.
María sólo trabaja
y su trabajo es ajeno.”

“María Landó” es un poema del escritor y poeta peruano César Calvo, en el que se narran las peripecias de una mujer pobre que, como tantas otras, sale en búsqueda de una oportunidad en medio del paisaje de concreto. Si lo examinamos detenidamente, descubrimos que esta es la historia de muchos hombres, mujeres, niños y niñas para los que “no hay madrugada,… no hay mediodía…”. Esta realidad, que no es ajena a nosotros, puede encontrarse con facilidad, tanto en el paisaje de las grandes urbes como en el amplio verdor de los campos. El contraste de los espacios que acabamos de mencionar podría llevarnos a pensar que existe una amplia diferencia entre la realidad de los sujetos en cuestión; sin embargo, a pesar de la diferencia de sus contextos, comparten, en muchos sentidos, la misma suerte, ser considerados el desecho de la sociedad que percibimos. Olvidamos tomar en cuenta la importancia que tienen en el desarrollo de la cotidianidad, allí desde lo imperceptible. Estamos tan acostumbrados a su presencia constante, lo que hace que parezca oculta a nuestros ojos, pero no somos capaces de detenernos por un minuto a examinar su realidad.

Estos hombres y mujeres, creo poder afirmar, han desarrollado su propia estructura cultural. Se han visto condicionados por un esquema discriminante, a partir de una realidad completamente diferente a la suya, que han necesitado manifestar, y transmitir a otros como ellos, el conocimiento que han adquirido, necesario para lograr sobrevivir. A nivel económico, sobre todo en las poblaciones campesinas, observamos una marcada distancia con el modelo capitalista al que estamos acostumbrados. En este caso, predominan otro tipo de instituciones tácitamente establecidas en su contexto que, como diría Karl Polanyi al expresar ciertos postulados de su teoría sustantivista, no pertenecen al ámbito de lo mercantil, razón por la cual deben ser estudiadas y comprendidas de manera independiente.Partiendo de estas consideraciones, podemos reconocer con cierta facilidad la razón por la cual los mantenemos desplazados. Si admitimos que su forma de ser, de desarrollarse en un entorno común, difiere ampliamente de la nuestra, llegamos a una primera conclusión: marcamos distancia con aquellos que salen de la esfera de nuestro contexto; y manifestamos esto con cierta facilidad, a través de nuestras actitudes de frivolidad. Podemos acercarnos aún más a lo medular y preguntarnos por qué, a pesar de reconocer la diferencia que existe, no los integramos. Esto nos lleva a plantear algo que, a mi parecer, tiene mucho sentido: tenemos miedo de acercarnos a ellos, de salir a su encuentro. Consideramos que la brecha que existe entre “nuestro mundo” y “el mundo de ellos” es tan grande, que no la podemos cruzar. Lamentablemente, con esta actitud mermamos el sentido del Evangelio. Nos satisfacemos, y tranquilizamos nuestra conciencia, con sólo arrojar unas monedas, por lástima, a los y las “María Landó” que buscan ganarse la vida.

En repetidas ocasiones, el papa Francisco nos ha invitado a considerar que es necesario un cambio de mentalidad, que debemos estar dispuestos a salir al encuentro de todos ellos. Lógicamente, la barrera que nos separa es lo suficientemente atemorizante para ser derribada. Si lográramos concebir un cambio en nuestras actitudes, en nuestro modo de pensar, de interactuar con los más pobres, podríamos reconocer el verdadero valor que tienen como seres humanos, no sólo como sujetos reducidos a estudios antropológicos o sociológicos. Al salir al encuentro de ellos, podríamos reconocer la fragilidad que desborda en nosotros, logrando humanizarla un poco más. Al salir a su encuentro, podríamos comenzar a obtener las herramientas necesarias para pensar en la posibilidad de mejorar nuestra sociedad.

* También escucha esta versión musicalizada de “María Landó” interpretada por Susana Baca.


Marcelo Mejía Chávez, SJ
Estudiante de Humanidades – Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
Equipo de pastoral – Parroquia la Virgen de Nazareth, El Agustino.

 

 

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