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Jesús, “aquí estoy con mis innumerables imperfecciones”

Por: Henry Espinoza, SJman-984048_960_720Como cada año por estas fechas nos preparamos para celebrar el Adviento, etapa en la cual esperamos el nacimiento de nuestro Salvador; ello nos invita a regresar nuestra mirada hacia atrás y conmemorar el momento más trascendental de nuestra fe cristiana. Estas fechas han venido banalizándose y confundiéndose entre luces de neón, ruidos estrepitosos y gente atiborrada en los supermercados buscando compensar con un regalo sus carencias afectivas. Todo ello me hace pensar en lo mucho que nos hemos distanciado del prístino sentido de la navidad. La imagen del niño pobre que nace en un establo de Belén, la que muchas veces apreciamos en variopintos e ingeniosos nacimientos, no nos debe distraer del significado real de la navidad: Dios se hace hombre y se entrega al mundo para amar, perdonar e ingresar en nuestras vidas. Ese niño humilde no solo ha cambiado la historia de la humanidad, sino que también ha direccionado un camino para encontrar la verdad.

Así como necesitamos “renacer” de nuevo, tal como dijo Jesús a Nicodemo (Jn 3, 3-6), es decir, nacer de nuevo en el espíritu, así también necesitamos saborear la vida nueva y abrir nuestros ojos a la esperanza, embarcándonos en la aventura de la caridad. Necesitamos respetar más y ser menos violentos con el otro, haciéndonos responsables por los actos de violencia que cometemos con nuestros seres queridos. Suena paradójico, pero muchas veces lastimamos a las personas que más amamos; ojala existiera una cura para sanar esas heridas

Necesitamos deshacernos del “a mí no me afecta”. Estamos tan interrelacionados que todo lo que pasa en el mundo nos afecta a todos. Debemos quitarnos el impermeable para afectarnos más con las cosas que ocurren a nuestro alrededor, para con ello abrir una puerta hacia la esperanza, y para que nuestras fragilidades se transformen en fortaleza de cambio y crecimiento. Tal como lo dice Pablo en su carta a los Corintios: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Co 12, 10)

Hoy en día es menester abrir los ojos al amor de Dios, a su creación, y junto a ello, compartir ese amor con quienes nos rodean, con mi prójimo, especialmente con quien nos ama en el silencio. Es preciso escuchar en el silencio de quienes gritan sin voz, de quienes hablan sin ser escuchados, de quienes miran sin ver. Necesitamos mirar al otro no con lastima, sino con amor, con misericordia y especialmente con pasión, pasión que nos lleve a realizar las cosas menos pensadas y más increíbles en nombre de este niño que nace en Belén.clasped-hands-541849_960_720Hemos iniciado el  Adviento, tiempo para reflexionar y prepararnos para el encuentro con el otro, a quien hemos cerrado las puertas de nuestro corazón. Es tiempo de curar heridas, de resarcir el daño a quienes hayamos ofendido, es tiempo de tender puentes de reconciliación, de abrirnos al abrazo del perdón y a la novedad de lo desconocido, siendo pacientes y tolerantes con quienes hemos ofendido con nuestra indiferencia, engreimientos y soberbias. Hoy nos preparamos para el nacimiento del Salvador, el Mesías, el Señor, y es importante hacerlo desde el reconocimiento de nuestras innumerables imperfecciones.

Parafraseando al Papa Juan XXIII, quiero decirte Señor: Aquí estoy, ven pronto, tengo tantas cosas que decirte, tantas penas que contarte, tantas promesas y esperanzas que compartir. Apresúrate, aquí tienes mi corazón, sé que las pajas de mis innumerables imperfecciones te lastimaran, pero es lo poco que tengo. Ven pronto Señor.

* Título del texto: Cf. SS. Juan XXIII

henry 2Henry Espinoza Arellano, SJ 
Estudiante de Filosofía – Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
Acompaña las Comunidades Iñigo.
Apoya en la Pastoral de la Universidad del Pacífico.

 

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