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POR EL CAMINO DEL DISCERNIMIENTO

Por Dennis Mundaca, SJ
En la vida, constantemente estamos tomando decisiones, algunas de ellas ayudan a nuestro crecimiento personal y a la construcción de una sociedad justa, otras suscitan lo contrario. Generalmente buscamos construir nuestras vidas con sentido, apuntando a nuestro beneficio personal y en algunos casos al beneficio de los otros. En ese proceso de búsquedas pasamos por una serie de toma de decisiones, las cuales dependen y demandan de una revisión constante de las mismas para encaminarlas de la mejor manera y así buscar el fin que se pretende.

El discernimiento, en cierta medida, implica distinguir cuáles decisiones me permiten crecer y buscar el fin que pretendo y cuáles no me ayudan alcanzarlo. Esta facultad nos interpela y nos permite preguntarnos por las decisiones que tomamos y en función de qué las adoptamos.

Muchas veces decidimos sobre afectos desordenados de nuestra vida, es decir, decidimos en función de los apegos a las cosas. Por ejemplo, cuando una persona decide casarse con alguien por las riquezas o belleza de su pareja, o cuando una persona decide ayudar a los más necesitados porque percibe que haciéndolo recibirá un reconocimiento, es evidente que ambas decisiones no están bien encaminadas. En los dos casos las decisiones han sido tomadas en función de afectos desordenados: en el primero porque la persona ama el dinero y las riquezas, y en el segundo porque ama la vanagloria y el reconocimiento esperado. Las dos personas están buscando su felicidad y la felicidad de los demás, pero no se detienen a pensar que son sus apegos a las cosas ya mencionadas los que han sido el motor de sus decisiones. Esto demuestra que tales personas no han hecho uso de su libertad para elegir correctamente, no se han cuestionado y no han discernido lo suficiente.

Pero no es tan fácil discernir, es decir, encontrar aquello que verdaderamente nos hace felices y hace felices a los otros. Se trata de revisar con profundidad las decisiones que tomamos, para que las mismas no estén hechas sobre nuestro desorden, sino que nos ayuden a construir nuestra vida con sentido y en una dirección que nos permita ganar en libertad. Porque en la medida en que nuestra vida esté construida con buenas decisiones, hechas desde nuestra libertad y sin apegos a las cosas, podremos obtener más sentido y así colaborar con la construcción de una sociedad más justa y saludable.


Dennis Mundaca Gonzales, SJ
Estudiante de Humanidades – Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
Apoya en la pastoral del Colegio de “La Inmaculada”.

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