Coco: una historia para aprender.

14 abril 2018

Por Nino Villarroel, SJ | Aprox. 5 min. de lectura.

Hace algunas semanas “Coco” ganó el Oscar a Mejor Película Animada. Y, debido a la riqueza que ésta trae consigo quisiera compartir cuatro aprendizajes que podemos obtener de esta película, de hecho, sin ánimo de ser “spoiler”.

  1. La muerte no tiene la última palabra

Sí, la muerte no tiene la última palabra. ¿Acaso no has sentido que tus familiares difuntos te siguen acompañando hasta hoy en cada uno de sus recuerdos e historias? ¿en su sonrisa en una fotografía o en una publicación en las redes sociales?

Basada en la tradición mexicana del Día de los muertos, la película muestra cómo los seres humanos nos relacionamos con la trascendencia. Esta muestra cómo nuestros familiares difuntos se siguen relacionando con nosotros y siguen siendo parte de nuestra historia cotidiana. El día de los muertos se convierte en espacio de encuentro y de memoria viva.Según esta tradición la muerte es un paso hacia otro mundo, pero un mundo que aún está conectado con el mundo de los vivos. La muerte definitiva – la no existencia de la persona- pasa cuando esta es olvidada, cuando ya no es tomada en cuenta de ninguna manera.  Por ello en el Día de los muertos las familias mexicanas elaboran altares en los que conmemoran a sus difuntos, para que estos puedan seguir relacionándose con ellos y para que sigan existiendo en el mundo de los muertos. Quienes que no son recordados desaparecen también del mundo de los muertos.

  1. Desde la perspectiva latinoamericana

La mayoría de las películas comerciales no hablan de la realidad latinoamericana ni de sus tradiciones. Y, si surge lo latinoamericano, este aparece en un personaje extraño y diferente a los demás; o, por otro lado, lo latinoamericano aparece visto desde el lente estadounidense, estereotipado como por ejemplo en Spedy Gonzales, el burro en Shreck, o el guía cusqueño en “Tadeo Jones”.

En el caso de Coco, podría arriesgarme a decir que la dinámica clásica no se manifiesta, pues lo latinoamericano surge con respeto, a través de la tradición del día de los muertos y de personajes cotidianos no estereotipados. También porque, a diferencia de las demás películas de Pixar, “Coco” no ha sido doblada al castellano. Existe una versión en castellano y otra en inglés. Asimismo, la banda sonora es una muestra de la música mexicana, de su historia y su tradición.

Este surgir de lo latinoamericano de manera respetuosa genera identificación en la audiencia. Hace más nuestra a la película. ¿Quién no se sentiría identificado con las rancheras de la película, con Frida Kahlo, Pedro Infante o con el perro calato que acompaña a Miguel? ¿Quién no se sentiría identificado con personajes que no son motivo de burla?

  1. Reconociendo al otro

En la familia de Miguel, está prohibido relacionarse con la música de cualquier forma debido a que el tatarabuelo -que era músico- abandonó a la familia. Sin embargo, a Miguel le apasiona la música. Durante toda la película, él insiste en convencer a sus familiares de que él quiere ser músico y que esto le da sentido a su vida. Sin embargo, su abuela no lo escucha, prefiere la tradición familiar que rechaza cualquier expresión musical y que condena a todos los miembros de la familia a ser zapateros.

La película muestra el camino de diálogo que Miguel realiza con su familia para demostrar que la música puede ayudarles a reconstruir sus lazos. Sobre todo, con la memoria del tatarabuelo difunto. Esto es logrado escuchando, prestando atención, reconociendo la importancia del otro, aunque sea el más pequeño de la casa.

  1. Para terminar: un poco de San Ignacio


Ignacio de Loyola en los Ejercicios Espirituales invita a rezar, haciendo uso de la imaginación, sobre el modo de accionar de Jesús contraponiéndolo con el accionar del pecado personificado en Satanás.

El modo del mal se articula en tres situaciones: la riqueza, la búsqueda de fama y la soberbia. De esto habla la vida del personaje Ernesto de la Cruz. Él haría lo que sea para alcanzar la fama y el dinero, incluso, asesinar a su amigo y robarle sus ideas musicales para alcanzar el éxito. Y, como en muchos famosos, la fama lo lleva a la soberbia y al abuso del poder. Miguel, en cambio, se posiciona desde la sencillez y valorando las relaciones con los demás sobre el poder. Puede conmoverse por el dolor ajeno y escribe su historia no solo, sino junto a otros.

La película nos proporciona dos posibles modos de realizar nuestra vida, como bien lo plantea Ignacio en la reflexión de las “Dos banderas”. ¿Estamos del lado del poder, la soberbia y el individualismo o del lado de la sencillez y la vida compartida?

Pero pensando también en las otras ideas que he comentado sobre Coco, podríamos hacernos más preguntas: ¿valoramos al otro? ¿reconocemos la realidad latinoamericana como valiosa? ¿vivimos desde la esperanza o dejamos que la muerte nos venza? ¿de qué lado estás?

Espero que “Coco” nos siga haciendo más preguntas como estas, y así podamos seguir aprovechando más y mejor de la película.

Nino Villarroel Morante, SJ
Estudiante de Filosofía – Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Equipo de pastoral – Parroquia La Virgen de Nazareth
Instagram: @ninomda
Twitter: @ninomda
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