El magisterio es para los jesuitas en formación una etapa, entre los estudios de Filosofía y Teología, en la cual nos integramos a la misión de la Compañía, viviendo en una comunidad apostólica. En mi caso, fui destinado para la comunidad del Centro Pastoral Santa Fe, en São Paulo, Brasil. Hoy, volviendo hacia lo vivido en esos dos años, reconozco que mi experiencia de maestrillo “sin fronteras”, ha sido muy significativa e importante para vivir parte lo que significa la misión de los jesuitas en el mundo actual.

(Carlos, el segundo de la izquierda, de rodillas )

He vivido muchas experiencias, guardo de hecho muchas anécdotas. He tenido la oportunidad de conocer personas muy buenas, comprometidas y muy amables, que me han hecho querer más mi vocación como jesuita. En fin, muchas cosas que compartir. Personalmente siento que el magisterio ha sido una experiencia marcada por los desafíos, por estar en un país con idioma, con historia, con cultura y con costumbres muy diferentes a la mía, a pesar de estar en el mismo continente. Poco a poco fui entrando e integrándome a la labor pastoral, sobre todo, conociendo y acogiendo con respeto esa cultura de “jeito brasileiro”. Definitivamente, uno intenta lo que puede pero siempre falta algo que no se dá porque se es extranjero.

La vivencia comunitaria de mis compañeros jesuitas en ese tiempo de magisterio fue fundamental para entrar en la misión, así como también, para descubrir que existe una “vivencia jesuita” que es parte de la Compañía universal. Verdaderamente me sentí en casa, es decir, a pesar de estar viviendo en la provincia jesuita de Brasil Centro-Leste para mí era como si estuviera en la provincia peruana. El espíritu jesuita se vive y expresa en cualquier lugar donde se encuentre un compañero en misión. Sentir la cercanía y el afecto comunitario, fue importante para salir adelante ante los diversos desafíos.


El Centro Pastoral Santa Fe es una obra social jesuita que desarrolla proyectos de arte, música, teatro, danza, computación, espiritualidad y diversas actividades, todas encaminadas hacia la formación integral de los adolescentes y jóvenes más carentes y en situación de vulnerabilidad social de barrios pobres de la región de Perus-Anhangüera de S. Paulo. Nuestra misión allí es hacer que los adolescentes y jóvenes líderes comunitarios se sientan comprometidos con su realidad. Líderes ciudadanos sensibles y críticos con los problemas de desigualdad e injusticia que enfrentan. Personas que redescubren su valor como seres humanos, que se sienten solidarios con los demás, que creen que otra sociedad es posible. Que descubren que frente a la violencia y a la pobreza, es posible luchar por la paz, la esperanza, la vida digna. Que es posible creer en Dios, que se hace presente en la vida. De hecho, nuestra labor no ha sido sencilla, muchas veces enfrentamos cansancios y dificultades, pero seguíamos adelante no solo los jesuitas, sino también un grupo de laicos educadores y las hermanas de San Andrés, para hacer realidad el lema de nuestro Centro Pastoral “Eu vim para que todos tenham vida, e a tenham em abundância” (Jo 10,10); lema que nos inspiraba a seguir en el desafío de formar líderes para los demás.

Definitivamente, he vivido un tiempo muy rico en experiencias, sobre todo de trabajo en equipo, reconociendo que todos tenemos algo que aportar y que juntos todos aprendemos. Por eso veo que ha sido un tiempo de aprendizaje, de comprender el valor de la vida. De sentir la necesidad de aportar lo mejor para hacer frente a las necesidades humanas. Un tiempo de rezar con mucha esperanza y confianza en Dios, porque todo al final de cuentas depende de Él. Solo en Dios podemos dejar nuestros cansancios, y es Él quien inspira y mueve a seguir caminando en la misión. Así, mi experiencia de magisterio, en una misión de la Compañía en concreto, con jesuitas concretos, es fuente de agradecimiento a Dios, que me fortalece para seguir confiando, amando y entregándome como compañero de Jesús.

Carlos Quintana, S.J. (Teólogo). Chiclayano. Biólogo. Terminado el Magisterio ha comenzado la Teología en la Facultade Jesuíta de Belo Horizonte (FAJE), de Brasil.

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