Cuando una película se nos ofrece bajo la denominación de “película religiosa” no resulta fácil determinar en qué sentido se ha conferido al film tan elevado apelativo. Con frecuencia vendrá a nuestra memoria el recuerdo de las célebres producciones emitidas por la televisión durante las principales festividades del catolicismo. Ante la imagen de Moisés levantando las tablas de la ley o ante el relato de los milagros ocurridos en la noche de navidad no quedará ninguna duda, aquellas eran películas religiosas. Pero quizá algunos amantes del cine recordarán también las veces en que un film, más bien “profano”, les comunicó una sensación de misticismo que no podrían dejar de ligar con la dimensión religiosa del ser humano; entonces, el imaginario fílmico de lo religioso descubre una gran diversidad de expresiones cinematográficas. Es a partir de esta realidad que ofrecemos la siguiente reflexión, como un primer acercamiento a la pregunta por la naturaleza del cine religioso.

Por principio debemos decir que, en el contexto del cristianismo, la afirmación de un cine religioso supone el convencimiento de que el cine posee la capacidad de transportar al ser humano a un universo estético donde puede vislumbrar lo Trascendente. Desde esta perspectiva, la creación cinematográfica, como el conjunto de las artes clásicas, ha dado cuenta con profusión de este proceso de comunicación espiritual. Si bien las motivaciones iniciales del cine, a diferencia de la pintura, la escultura y la música, no estuvieron directamente relacionadas con el imaginario religioso de los precursores de estas artes, pronto la historia del cine incorporó una apreciable cantidad de películas vinculadas a diversos aspectos, interpretaciones y expresiones de lo espiritual. Hoy la industria cinematográfica, en correlación con el giro secular de Occidente, no invierte grandes recursos en producciones de temática religiosa, salvo que la visión teológica de los productores coincida con las apetencias religiosas del gran público -como es el caso de La Pasión de Mel Gibson (2004)- y el éxito comercial quede asegurado. Sin embargo, podríamos decir que la retórica de muchas películas contemporáneas, al incorporar elementos o temáticas religiosas, parecería encarnar todavía la apertura del cine a la dimensión espiritual

Ante la gran diversidad de producciones, que con mayor o menor justicia son reconocidas como películas religiosas, creemos que es necesario hacer una distinción básica, entre las películas que presentan elementos religiosos y las películas que despiertan en el espectador una experiencia religiosa. En el primer caso, tenemos a un cúmulo de películas con relatos ligados a contenidos religiosos, es decir, a temáticas como la práctica cotidiana de un credo o las expresiones espirituales que suscitan algunas situaciones humanas. En el segundo caso, tenemos a un grupo más pequeño de películas, que sobre la base del relato religioso y gracias a la capacidad expresiva del cine, tienen la virtud de trascender su literalidad, para conducir al espectador por un proceso que lo sitúa ante la percepción de lo divino, cuestionándolo y llevándolo a experimentar, en distintos niveles, la pregunta personal por la fe.


Las películas del primer grupo son aquellas frecuentemente reconocidas como religiosas solo en función de su temática, donde la narración de historias de fe se apoya únicamente en un lenguaje religioso institucionalizado y en formas fílmicas convencionales. Creemos que este tipo de producciones, no por el hecho de presentar un lenguaje y una temática confesional encarnan necesariamente una experiencia religiosa. A partir de la experiencia del hombre postmoderno, estamos persuadidos de que la originalidad de una película religiosa está más centrada en la comunicación de la pregunta existencial por lo Trascendente, que en la exposición didáctica de la fe, que tiende a otorgar al espectador un rol más pasivo, sin interpelar sus opciones vitales. En este sentido, al evaluar las formas convencionales de la cinematografía religiosa, el francés Henri Agel ha señalado que este tipo de films, al caer con frecuencia en “el sentimentalismo, la anécdota o el didactismo”, evidencian la falta de “una línea de fuerza o un estilo”, que los lleve a la plenitud2. Su escasa capacidad simbólica repercute normalmente en la ausencia de una verdadera significación religiosa.

Poniendo de relieve la naturaleza expresiva del cine, optamos por una comprensión del cine religioso ligada a nuestro segundo grupo de películas, a las que, para distinguirlas, calificamos como “películas trascendentales”3. Así como en la pintura y en la música no es suficiente graficar un símbolo religioso o entonar un vocablo evangélico para comunicar la fe, creemos que tampoco en el cine es suficiente la exposición didáctica de una temática religiosa. De ahí que los films trascendentales, sobre la base de la forma estética y narrativa, tengan la capacidad de plantear la pregunta religiosa al espectador, en un auténtico proceso de comunicación espiritual, a la manera en que lo han logrado en la historia del arte la pintura de El Greco o la música de Bach, obras verdaderamente comprometidas con la fe del receptor más allá de su filiación religiosa. En esta línea, Agel asocia el cine religioso con la capacidad de ciertas películas para disponer adecuadamente de sus recursos, de tal manera que logran convertirse en “una especie de oficio o celebración” de lo sagrado. La trascendentalidad para Agel siempre se ha dado “en tanto en cuanto una película ha sabido elegir su línea espiritual, su estructuración, sus líneas de fuerza plástica y sinfónica, su clima4. El cine y en general toda obra que quiera expresar valores trascendentales requiere de un cuidado apropiado de la forma, de un estilo que dialogue existencialmente con el espectador.


Creemos que esta visión del cine trascendental amplía el horizonte de lo religioso en el cine contemporáneo. Así, podemos identificar, normalmente en el medio “alternativo” y algunas veces también en el corazón de Hollywood, producciones de evidentes valoraciones trascendentales. Ejemplos de ello son Carros de fuego de Hugo Hudson (1981), El festín de Babette de Gabriel Axel (1987), El cielo sobre Berlín de Wim Wenders (1987), Los puentes de Madison de Clint Eastwood (1995), Rompiendo las Olas de Lars von Trier (1996) o Luz silenciosa de Carlos Reygadas (2007), por mencionar films relativamente recientes, nacidos en diferentes contextos de producción. Se trata de películas con temáticas profundamente humanas y con elementos religiosos marcados, pero que, sobre todo, posibilitan en el espectador la experiencia perceptiva del misterio de lo Trascendente.

Ciertamente, no son las películas más taquilleras, por las condiciones creativas que puede suponer su estilo, pero también por las condiciones de producción de la gran industria cinematográfica, que en opinión del teórico José Jiménez han estandarizado los estereotipos sociales, la sobre valoración de lo espectacular y el glamour, y en esa medida han vuelto enormes los esfuerzos por financiar el cine “alternativo” . De hecho, este no es un escenario nuevo para nuestro cine, los grandes maestros del cine trascendental como Robert Bresson y Carl Theodor Dreyer pasaron por similares dificultades para producir sus obras.

Ante un gran público ávido de entretenimiento y afirmación de sus convicciones e intereses fundamentales, la cinematografía de masas no parece sintonizar con producciones marcadas por valoraciones trascendentales, que lejos de mantener el círculo positivo de todo aquello con lo que el espectador se identifica, le convierten en espectador activo, le interpelan y le despiertan preguntas, como la que interroga por el propio sentido en la vida, por la fe. Como el cine de Bresson y Dreyer, creemos que el cine auténticamente religioso es dinámico como la misma experiencia de fe, que a la vez que conmueve y sublima, confronta, desestabiliza e interpela a aquel que con generosidad se ha dispuesto a vivir la experiencia de su percepción.

1. La película Christus (1916), de Giulio Cesare Antamoro, es considerada como la primera producción importante de temática religiosa.
2. AGEL, Henri, El cine y lo sagrado, Ediciones RIALP, Madrid, 1960, p. 94.
3. En referencia a la teminología del libro: SCHRADER, Paul, El estilo Trascendental, Ediciones JC Clementine, Madrid, 1999.
4. AGEL: p. 26.

Deyvi Astudillo, S.J. Licenciado en Comunicación Audiovisual. Estudia teología en el Centro Sèvres de Paris.

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