Amistad libre o ¿te dejó en visto?

Ago 9, 2019

Por Rodrigo Villanueva, SJ | Aprox. 6 min. de lectura.

Cuántas veces te ha sucedido que estas conversando con un amigo o amiga y en medio de la conversación, de repente, mandas un mensaje y ya no te responden, esperas un poco -quizás tuvo algo que hacer, ya me responderá- piensas con convicción; pasan las horas y la conversación queda allí con tu último mensaje con un doble check azul: (música dramática) Acaban de dejarte en “visto”. (grito de película de terror)

Esta es solo una de las situaciones en las que puedes ser “visteado”, porque también tenemos aquellos saludos abandonados a su suerte en chats nunca abiertos, aquellas cariñosas “buenas noches” que nunca encontraron respuesta, o incluso aquellas invitaciones a salir que se quedaron en buena intención de nuestra parte.

Sin embargo, les propongo ahora, que lo veamos desde el otro lado de la conversación: estás en medio del trabajo, te das un tiempito a responder a tu pata acerca de la salida de más tarde, de repente llega el coordinador del área y se queda supervisando y trabajando con cada uno; o quizás, estás en tu casa en tu habitación conversando con tu amiga, entonces, tu mamá te llama para que le ayudes a ordenar la alacena; bajas, le ayudas y te quedas conversando con ella porque no la habías visto en todo el día; o puede ser que, conversando a altas horas de la noche con tu enamorada/o, después de un arduo día de trabajo y ejercicio, se ponen al tanto de lo que hicieron y amenamente comparten su día, sin embargo, el cansancio termina ganándote y caes en los brazos de Morfeo. En estos casos (agregue aquí su caso particular), no nos es posible prever que nuestra conversación se vería interrumpida abruptamente, porque pensaste que el supervisor se iría inmediatamente, o que le ayudarías a mamá rápidamente, o que no sucumbirías ante el agotamiento; no obstante, la respuesta de nuestro interlocutor usualmente es una: “Me dejaste en visto”.

¡Y qué respuesta es esta eh! En estos últimos años vengo escuchando cada vez con más insistencia las muestras de “protesta”, descontento, “irritación”, que genera el que te dejen en visto. Y, entonces me pregunto: el famoso “Visto”, “veído”, “doble check azul” ¿qué tanta importancia tiene para una sana relación de amistad? (acuérdese aquí de sus amistades tóxicas

‘Me haré’ el viejo y diré, en mi tiempo no había tantas maneras de hablar con tus amigos y amigas como el WhatsApp, Messenger de Facebook, DM de Instagram, etc. A lo mucho conversábamos por mensaje de texto y/o por el Messenger de MSN ¡qué tiempos aquellos! Y como ya sabemos, nuestros papás nos dirían: “en mis tiempos, no había ni Internet, y a lo mucho había teléfonos, sino, había que comunicarse por cartas enviadas por correo” (y no me refiero al electrónico; que, por cierto, ya no suele utilizarse mucho tampoco con esa intención).

Bueno, tiempos diferentes, realidades diferentes, el hecho es el siguiente: hoy, muchas veces cuando envías un mensaje, esperas una respuesta casi inmediata y usualmente es así. El tiempo es nuestro bien más valioso, así que todo corre a pasos acelerados. Pero qué pasa cuando tienes toda la intención de conversar, pero la otra persona no dispone del mismo tiempo que tú. ¿Qué es lo primero que pasa por nuestras cabezas? “No quiere hablar conmigo.” “Se ha enojado por lo último que le dije.” “¿Estará todo bien en nuestra amistad?” “¿Se habrá enterado que yo…?” Etc. O, quizás simplemente tú seas el ofendido porque, cómo es posible que no te responda, si (para colmo) esa persona fue la que comenzó la conversación en un primer momento; o, cómo no me va a responder, si es mi enamorada/o, tiene que responderme, así como yo le respondo (En este momento pensarás, yo jamás reacciono de esta manera, eso es inmaduro, yo comprendo a mis amigos y amigas, nunca pensaría estas cosas; pues, quién sabe, date un momento para inspeccionarte un poco también, puede que en determinadas circunstancias también hayas reaccionado de una manera similar).

Y a qué viene todo este embrollo, pues, a que, muchas veces podemos no tomarnos la molestia de ponernos en el lugar del otro; si revisamos la reacciones anteriores, la gran mayoría gira en torno a nosotros mismos, en ningún momento nos preguntamos: qué podría estar pasando con nuestro interlocutor, si estará bien, si le habrá pasado algo, si simplemente en ese momento no podía respondernos, o inclusive, si necesitaba un espacio para él o ella solo/a y no quiso respondernos.

Ahora bien, me parece pertinente abordar cierto tema que viene por añadidura con esta reflexión. Y es que, qué es lo que esperamos de nuestros amigos y amigas, de nuestras relaciones más cercanas; o si nos ponemos más serios, qué estamos exigiendo en nuestras relaciones. Somos conscientes de que la amistad es un don, un regalo que se da gratuitamente entre dos personas; sin embargo, muchas veces, nos olvidamos de esta gratuidad, y simplemente nos lanzamos sin cuartel a apropiarnos del otro u otra. Queremos que la otra persona esté ahí para nosotros, en todo momento (y en un principio, la idea no está mal concebida), no obstante, cuando dejamos de considerar al otro y otra como Otro (igual a nosotros, pero separado de nosotros, con sus propios rollos y alegrías y complicaciones), entonces se comienza a perder el sentido de la amistad. No se trata de un mal o de algo trágico, simplemente nos olvidamos de pensar en el otro, de considerar a la otra persona. Puede pasarnos.

Y, entonces, qué hacemos al respecto, cómo podemos seguir cultivando nuestras valiosas amistades, pues bajo la sencilla premisa de la libertad. Si nosotros nos consideramos libres, pues, consideremos a nuestros amigos y amigas libres también. Si tú estás ocupado en el trabajo y no puedes responder los mensajes, a la siguiente, también considera que tu amigo, también puede estar ocupado en el trabajo. Si te quedaste dormido/a y no pudiste despedirte de tu enamorada/o anoche, también piensa que ella/él en algún momento puede quedarse dormida/o. Dejemos de atarnos los unos a los otros, dejemos a cada uno ser libre, que pueda decidir por sí mismo, por sí misma. No nos la pasemos condicionándonos entre nosotros. Si libremente nos hicimos amigos, libremente vivamos nuestra amistad.

Finalmente, si hablamos de amistad, de libertad, de nuestra capacidad de empatizar con el Otro, creo que nos podemos remitir al testimonio de Jesús. No por nada, es quien nos invita a amarnos los unos a los otros como él nos amó, su amor implica libertad, implica reconocer a nuestros prójimos como iguales, pero al mismo tiempo separados de nosotros mismos. Jesús trató con sus amigos y amigas con total libertad, simplemente les planteó su propuesta del Reino, aquella lucha por los menos favorecidos, por los que más sufren, esa esperanza para los olvidados; y en esta propuesta estaba la invitación a seguirlo, sí los llamó, a cada uno por su nombre, pero nunca los obligó a que se quedaran con él. De la misma manera, permitámonos crecer en libertad cada quien por sí mismo para poder así seguir afianzando nuestros lazos en conjunto.

 

Una yapa, si bien algunas de las opiniones vertidas en el presente texto pueden calzar con el famoso dicho “a quien le caiga el guante que se lo chante”, este no pretende herir ningún tipo de sensibilidad. Recuerda, revisar nuestra vida nos da la posibilidad de crecer, solo, si nos lo permitimos.

Rodrigo José Villanueva Sardón, SJ
Estudiante de Maestría de Filosofía – Universidad Antonio Ruiz de Montoya
Asesor del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano UARM

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